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Otro día
más, un grupo de extremistas
ha sembrado de sangre las calles
de una ciudad. Ayer, Madrid.
Hoy, Londres. Mañana,
quién lo sabe. Un terrible
grupo terrorista ha declarado
la guerra a Occidente, y muchas
vidas inocentes caerán
antes de que ese grupo sea confinado
en el baúl de los recuerdos
de la Historia.
¿Inocentes?.
Por supuesto. Los asesinos son
los que ponen las bombas, única
y exclusivamente, no se puede
culpar a un pobre señor
de estar en un vagón
de tren, o de metro, a una hora
determinada. Pero, ¿enteramente
desprovistos de responsabilidad?.
Ése, pienso yo, es otro
tema.
¿No
sabemos todos de dónde
viene el petróleo que
empleamos en nuestros coches,
y que es usado para generar
la electricidad que alimenta
tantos aparatos eléctricos
y electrónicos?. ¿No
estamos todos enterados de por
qué decidió el
señor Bush "democratizar"
Irak?. ¿No somos conscientes
todos del cambio climático
y de sus probablemente funestas
consecuencias?. Sin embargo,
seguimos usando el coche hasta
para ir al kiosco de la esquina
a comprar el periódico.
No sabemos prescindir de incontables
artefactos de los que nuestros
abuelos ni soñaron, y
que por no hacer ni siquiera
apagamos bien- el consumo de
los aparatos en "stand
by" no es tan despreciable
como la mayor parte de la gente
piensa-. Pese a que España
es uno de los países
punteros en energía eólica,
las emisiones de CO2 crecen
cada año, muy por encima
de los niveles autorizados en
el poco ambicioso protocolo
de Kioto. Cada día se
baten nuevos récords
en el consumo eléctrico,
cuyo nivel aumenta muy por encima
del índice de crecimiento
económico, y espectacularmente
si lo comparamos con el crecimiento
de la población. Nuestra
sociedad vive inmersa en una
carrera loca hacia ninguna parte,
azuzada por la publicidad, y
si no paramos a tiempo alguien
sufrirá las consecuencias.
Si no nosotros, tal vez nuestros
hijos. O nuestros nietos.
¿Qué
podemos hacer?. Desde luego,
no esperar que los gobiernos
arreglen el entuerto. Tal vez
no todos los políticos
estén tan vendidos al
oro negro como el señor
Bush, pero lo que sí
tienen en común todos
ellos es que su gran preocupación
es ser reelegido una vez concluya
su mandato. Es decir, el futuro
inmediato, sin preocuparse mucho
por el medio y largo plazo.
No, nuestros gobernantes puede
que tomen alguna medida, pero
será fundamentalmente
cosmética.
Así,
lo que a mi juicio deberíamos
hacer es plantearnos dos preguntas:
"¿qué puedo
hacer YO?" y "¿qué
estoy haciendo YO?". Evidentemente,
no todo el mundo puede permitirse
comprar un coche de hidrógeno,
y para muchos el prescindir
del automóvil para desplazarse
a diario es un sacrificio excesivo.
Pero, ¿sucede esto a
todos los conductores que atestan
a diario las carreteras de entrada
a Madrid, o sus calles?. ¿Es
necesario tener todas las habitaciones
de la casa iluminada cuando
no te vas a mover de una determinada
habitación?. ¿No
se podrían usar bombillas
de bajo consumo, o limitar el
uso del aire acondicionado?...
Un montón de preguntas
que, a mi juicio, todos deberíamos
plantearnos y obrar en consecuencia.
Entonces, tal vez, habría
una esperanza.
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