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REFLEXIONES EN UN TRISTE 7 DE JULIO

Septiembre de 2005

Otro día más, un grupo de extremistas ha sembrado de sangre las calles de una ciudad. Ayer, Madrid. Hoy, Londres. Mañana, quién lo sabe. Un terrible grupo terrorista ha declarado la guerra a Occidente, y muchas vidas inocentes caerán antes de que ese grupo sea confinado en el baúl de los recuerdos de la Historia.

¿Inocentes?. Por supuesto. Los asesinos son los que ponen las bombas, única y exclusivamente, no se puede culpar a un pobre señor de estar en un vagón de tren, o de metro, a una hora determinada. Pero, ¿enteramente desprovistos de responsabilidad?. Ése, pienso yo, es otro tema.

¿No sabemos todos de dónde viene el petróleo que empleamos en nuestros coches, y que es usado para generar la electricidad que alimenta tantos aparatos eléctricos y electrónicos?. ¿No estamos todos enterados de por qué decidió el señor Bush "democratizar" Irak?. ¿No somos conscientes todos del cambio climático y de sus probablemente funestas consecuencias?. Sin embargo, seguimos usando el coche hasta para ir al kiosco de la esquina a comprar el periódico. No sabemos prescindir de incontables artefactos de los que nuestros abuelos ni soñaron, y que por no hacer ni siquiera apagamos bien- el consumo de los aparatos en "stand by" no es tan despreciable como la mayor parte de la gente piensa-. Pese a que España es uno de los países punteros en energía eólica, las emisiones de CO2 crecen cada año, muy por encima de los niveles autorizados en el poco ambicioso protocolo de Kioto. Cada día se baten nuevos récords en el consumo eléctrico, cuyo nivel aumenta muy por encima del índice de crecimiento económico, y espectacularmente si lo comparamos con el crecimiento de la población. Nuestra sociedad vive inmersa en una carrera loca hacia ninguna parte, azuzada por la publicidad, y si no paramos a tiempo alguien sufrirá las consecuencias. Si no nosotros, tal vez nuestros hijos. O nuestros nietos.

¿Qué podemos hacer?. Desde luego, no esperar que los gobiernos arreglen el entuerto. Tal vez no todos los políticos estén tan vendidos al oro negro como el señor Bush, pero lo que sí tienen en común todos ellos es que su gran preocupación es ser reelegido una vez concluya su mandato. Es decir, el futuro inmediato, sin preocuparse mucho por el medio y largo plazo. No, nuestros gobernantes puede que tomen alguna medida, pero será fundamentalmente cosmética.

Así, lo que a mi juicio deberíamos hacer es plantearnos dos preguntas: "¿qué puedo hacer YO?" y "¿qué estoy haciendo YO?". Evidentemente, no todo el mundo puede permitirse comprar un coche de hidrógeno, y para muchos el prescindir del automóvil para desplazarse a diario es un sacrificio excesivo. Pero, ¿sucede esto a todos los conductores que atestan a diario las carreteras de entrada a Madrid, o sus calles?. ¿Es necesario tener todas las habitaciones de la casa iluminada cuando no te vas a mover de una determinada habitación?. ¿No se podrían usar bombillas de bajo consumo, o limitar el uso del aire acondicionado?... Un montón de preguntas que, a mi juicio, todos deberíamos plantearnos y obrar en consecuencia. Entonces, tal vez, habría una esperanza.

 

 

Kermit Da Souza Faria